25 nov 2010

Jacob o Pulgoso, el mismo ser

...Lo llevo entre mis brazos y él parece estar muerto. No mueve extremidad alguna. Apenas y agita su pequeño estómago. Sólo alcanzo a sentir su corazón en súbitos pálpitos. Camino apresuradamente hacia la puerta de la casa. Lo recuesto en la banqueta y mojo su hocico para lavar la sangre y la espuma que sale de él. La sombra y el agua parece revivirlo. Tambaleándose se levanta. Camina de igual manera. Se mete a la casa y se refugia en una esquina. Lo cargo y lo postro en la caja donde -cuando hacía frío- lo metíamos a dormir en el patio trasero. De pronto, sus ojos giran sin control y tiembla como si un congelador se apoderara de él. Convulsiona. Aulla. Pulgoso se nos va. Podemos hacer nada. Sólo mirar, sólo mencionar palabras de aliento como si ello sirviere de algo. Creo que jamás lo había acariciado. Sé que jamás lo había hecho antes con una mascota como lo hice con él. Poco a poco su cuerpo comienza a endurecer... Eran las 2:00 de la tarde y Jacob había muerto...

(...)

Justo anoche J me platicaba de sus mascotas que habían fallecido. Sus perros. Uno de ellos, su gran amigo. Y pensaba en cómo la gente llega a ser confidente de una mascota. Imaginaba sus conversaciones y los instantes que pasaron para hacer que su deceso fuera, uno triste. Ella me decía que murió de viejo, que alcanzó a despedirse de él y que un día, en la calle, lo vio y así lo adoptó.

Sin embargo, Jacob no murió de viejo, no de alguna enfermedad, tampoco atropellado. No murió de frío o de hambre. Murió porque alguien lo mató. Alguien que no soporta que una comunidad pueda amar a un animal y que éste sea de la alegría de todos. Alguien que cobardemente lo envenenó o le proporcionó un golpe fulminante. No sabemos. Sólo entendemos que hay animales que matan a mascotas indefensas.

Pulgoso
como lo mencionaran algunos, o Jacob como lo mencionaran otros; jamás tuvo un nombre definido. Así fue su vida: Sin definición. Al fin y al cabo, era de todos y de nadie. Lo adoptamos porque un día llegó sin que nadie lo invitara a formar parte. Era un personaje de la comunidad. Algunos días dormía a las puertas de esta casa, otros en la del vecino y en algunos, debajo de los coches. Ni siquiera sé su raza. Era pequeño y de color café. Ágil e inteligente. Simpático. Cariñoso. Juguetón. Obediente. Era una mascota que se daba a querer.

Comenta mi hermano que hoy por la mañana, todavía Jacob lo acompañó a esperar el taxi y mientras, jugaba con él. Se quedó ahí hasta que abordara el auto. Así era Pulgoso, un amigo al que sólo le faltaba hablar.

Ahora me vienen escenas de aquella película, Amores Perros. Ahora me vienen recuerdos de Jacob. Todo pasa por mi mente. He de confesar que jamás pensé que me sucediera esto con un animal, del cual, ni siquiera creí haber estado encariñado. Ahora entiendo aquellas personas que llevan en sus brazos a sus perros. Ahora entiendo la tristeza de aquellos que lamentan la pérdida de su mascota. Ahora entiendo todas aquellas situaciones de las cuales no daba crédito del actuar de las personas hacia sus perros.

(...)

...Mi sobrina de nueve años le redacta una carta. Me sorprende la habilidad y la ternura de sus letras. Me dice que la lea para ver si está bien. Lo hago. Me parece sensacional. El esfuerzo por no soltar una lágrima frente a ella es insoportable. Más tarde, lo subimos a la cajuela del auto. Mi padre, mi sobrina y yo, lo enterramos no muy lejos de aquí. Antes de la primer cubierta de tierra, la niña coloca su carta encima de él. Nos despedimos para siempre. Caminamos rumbo al coche y volteo imaginando que Jacob viene corriendo detrás de nosotros. Imagino que atravieso la calle y está ahí, esperándonos y moviendo la cola de alegría. Después, un silencio abruma la levedad. Tristes y sin decir palabra alguna, llegamos a casa. Vemos y escuchamos que alguien hace falta...


11 nov 2010

Sitios

Puntuales, solíamos ser los mismos. Nuestras distintas actividades nos permitían parámetros de diez o quince minutos de diferencia. A veces más temprano, a veces más tarde. El sitio tiene la forma de una herradura; permitía ver los rostros de los comensales, al menos, de perfil. Sentados uno a uno con tan sólo el respiro de los brazos a su antojo y en banquillos semi cómodos que apenas y podíamos mover. Conocíamos el aspecto de las personas, identificábamos sus manías; incluso, podíamos adivinar cuál sería la opción que elegiría del menú. Sin embargo, no sabíamos nuestros nombres. Escasamente pronunciábamos:

-Buenas tardes...
-Provecho.
-Gracias...

Durante un par de meses asistía solo. De vez en cuando acudía a otro sitio con alguien. Jamás pensé que me acostumbraría y menos, que me gustaría comer sin compañía alguna. (...) Mentira, creo que jamás me gustó. No obstante, encontré de este hecho su lado positivo. No tenía de otra. Ese constante defecto mío por observar a las personas y así, sus acciones, su animadversión, sus tendencias, su antipatía, su excentricidad, sus apegos; e incluso, hasta su desconfianza. Situaciones que me dijeran un poco más de la persona. ¿Qué gano con ello? Quizá nada, sólo el aspecto sociológico que disfruto en todos y cada uno de los seres humanos. Los diversos caracteres, sus múltiples atuendos y sus diversas historias que en ellos se hallan y que puedo equívocamente imaginar. Mi sociología barata.

Era en el centro de Coyoacán. Ni siquiera sé cómo llamarlo: "Restaurante", sería un halago. "Puesto improvisado", sería demeritarlo. Seguramente será un servicio de comedor y cocina de un buque mercante denominado "Fonda". Sí, ahí donde alguna vez sonó mi teléfono móvil para darme la noticia de que la abuela había fallecido. Ahí donde la noticia pegó en los más íntimos recuerdos y derramar una lágrima se convertía en las miradas próximas y atentas. Sí, aquel lugar donde un día sin imaginármelo y sin sospecharlo, vi por primera vez a una reportera en el televisor del establecimiento que sintonizaba el noticiero. Una mujer con quien mantenía una amistad de letras (correos electrónicos y mensajes por redes sociales) y que el tiempo en complicidad con el recuerdo, nos concedió veinte años después, encontrarnos. Ahí, donde un señor interpreta con el acordeón la misma canción día a día: "Caminos de Michoacán". Siempre a las tres en punto.

(...) Hoy se cumple un mes de aquel ciclo que finalizó. Hoy extraño Coyoacán. El entorno. El sitio donde solía comer y la sazón que adopté en mis días de estancia laboral. Echo de menos caminar por la plazuela y detenerme en el puesto de periódicos para leer los encabezados. Transitar por sus calles empedradas y encontrarme con Damián Alcázar u otro actor o actriz de película o de telenovela mexicana. Ver el reloj y disfrutar del tiempo restante para sentarme a que le den brillo a los zapatos. Adquirir un buen café se convertía en un volado. Coyoacán está invadido por cafeterías sustanciales. Ahí donde comí un cuernito que A me recomendó. Y entre muchas cosas, también extraño ver decenas de personas de toda índole. Este lugar no puede ser sui géneris porque es tan noble que acepta divergencias sociales y culturales. Pocos como él.

Ahora estoy en otro sitio. Son tiempos difíciles. Jamás se puede estar en completa armonía. Un ser querido se debate entre la vida y la muerte; alguien que hace aproximadamente trece años nos llevó a mi hermano y a mí, un 15 de septiembre, a la verbena de Coyoacán y a cenar hot cakes con mermelada de fresa. Busco distracciones. No queremos pensar en ello. No quiero eso. No ahora. No nunca.

17 oct 2010

Más allá del bien y del mal

Después de siete años la vida me situó en un lugar que fortuitamente conocí cuando trabajaba para una empresa financiera. Tenía 21 años de edad y percibía una facilidad de vida insospechada. Sitios que se convierten en sucesos e imaginas que quizá jamás vuelvas a experimentar. (...) Esperaba que algo sucediera.

No pretendo convencerme de que poseo una madurez tangible; sin embargo, en aquel entonces de haber tenido el juicio y pensar como lo hago ahora, hubiese aprovechado un poco más la vida, las relaciones, la escuela, los libros. (...) Esperaba que el acontecer me lo diera de la noche a la mañana.

Durante una semana percibí el aquejo del tiempo perdido y me ha hecho reflexionar. Pienso que el instante de ahora muy bien pudo ser el momento de ayer. En cinco días observé lo que algún día imaginé ser al día de hoy. Si bien, el tiempo no se equivoca y vamos marinándonos en néctares que se convierten en nuestro destino inequívoco y sustancial del modo que ahora percibimos la manera de vivir.

Los aconteceres nutren la capacidad de ver nuestros defectos y virtudes, ejerciendo un poder de mejora inexplicable en lo negativo. Pretendemos ser mejores seres humanos y aportar -aunque sea- el mínimo esfuerzo de aciertos a quien nos rodea; porque sabemos bien de nuestra capacidad, de nuestra ética... de nuestra integridad.

Dice Nietzsche en "Más allá del bien y del mal":
El problema de los que esperan: Hacen falta golpes de suerte, y mil cosas más, para que un hombre superior, que lleva en sí la potencial solución de un problema llegue a actuar, a entrar en "erupción", por así decirlo, en un tiempo oportuno. Por lo general no sucede así y en todas las partes del mundo hay hombres que aguardan, sin saber exactamente que lo hacen y menos aún que su espera es inútil. También sucede a veces que la llamada suena demasiado tarde (ese azar que permite ponerse en acción), y cuando lo mejor de su juventud y de su energía se activa ya se encuentran gastados de tanto estar sentados sin hacer nada. ¡Cuántos descubrieron horrorizados que sus miembros se hallaban entumecidos y que su espíritu era ya demasiado pesado! "Es demasiado tarde", se dicen, tras haber perdido la fe en sí mismos y comprobar que se han quedado inútiles para siempre.

Se ignoran demasiadas situaciones. Lo único tangible es que aún existe la fe por continuar, aún existe esa capacidad de asombro y sabemos que jamás se debe esperar.

4 oct 2010

Nimiedades

Hago un uso excesivo de la cafeína porque al menos para mí es el maridaje perfecto entre leer y escribir.

Me hallo frente a un monitor y en mis manos recae un teclado que hacen de mi acontecer, pretender actuar como el escritor que algún día quise ser. Subiendo la mirada, me percato de la naturaleza: árboles y un cielo despejado; el frío de este otoño parece apoderarse de un invierno precoz. El clima encaja a la perfección con los pensamientos, porque, hay ocasiones en que la mente se siente rodeada de reflexiones que auto complacen. Esta tarde es así.

Llevo tres días pensando en aquella historia que en alguna oportunidad leí. Es quizá por lo acontecido, por la realidad de un suceso cursi donde te ves reflejado y donde probablemente jamás percibirás. Aquella historia es un acontecimiento totalmente mundano. De amor, de imaginación; la cual recuerdo medianamente así:

En Nueva York, un joven se dirigía en metro hacia la universidad. En su trayecto ve a quien físicamente proyecta como el 'amor de su vida'. Por alguna situación, no cruza palabra alguna con ella. Después, se arrepiente. Su mente no deja de pensar en aquella mujer quien no sólo era de su agrado visual, sino que también percibía en ella la expresión corporal que él tanto agradece; esa pequeña fórmula que es indescriptible, indescifrable, propia del gusto personal (haciendo válida la redundancia). Entonces, tomando uso de las tan infravaloradas por unos o sobrevaluadas por otros, redes sociales, publica un anuncio de "búsqueda" donde describe a la perfección a la mujer; desde la ropa y el color de ésta, hasta la estación del metro donde se encontraron y la dirección que ella tomó. No obstante con lo anterior, dibujó a la chica en cuestión justo como la vio (color de vestido, accesorios, look, etc.) y en conjunto, difundió la descripción con el dibujo. Al término de una semana, estas dos personas se conocieron e hicieron de una historia onírica, una real. Algunos meses percibieron el amor, después, finalizaron su relación.

Entonces, no dejo de pensar en aquella historia. Sé que todo sucede en el tiempo y somos víctimas de él arrepintiéndonos del "hubiera". A veces comienzo por detestar aquel cliché de "todo pasa por algo, porque quizá no era para ti". Ojalá fuera posible que los seres humanos nos jactáramos en decir "lo intenté y pasó nada; sin embargo, seré terco y lo volveré a intentar"; no sé.

La cotidianidad seguirá su curso. Eso todos los sabemos pero nadie lo puede cambiar. Continuaremos con nuestras vidas en busca de esto, de aquello, de eso y, en el camino desearemos la felicidad. Viviremos de recuerdos, y en algunos, inmediatamente expresaremos una sonrisa que será el enigma de nuestra imaginación. El misterio de un pasado que por falta de palabras o de utopías, jamás se experimentó.

Percibiremos la vida como viene, olvidándonos del pasado y del futuro también; encontrándonos sólo, en el presente infinito del ser. Quizá, sólo recuerde que en algún lugar existe alguien por quién dejaría todo y hacer de lo inimaginable algo realizable aunque ahora no sepa, ni siquiera... su nombre.

21 sept 2010

Situaciones oníricas

El sol deslumbra mi rostro y las olas del mar relajan mis sentidos. No tengo ni la más mínima idea de la hora que es. Reconozco que me cuesta trabajo dejar la cama, ésta es cómoda y me arrullan los sonidos característicos del lugar. Ignoro la fecha, el sitio y con quién me encuentro. Pero eso no importa. Y es que, a quién le importa el acontecer ante semejante majestuosidad natural. Esto es algo parecido a lo que denominan 'paraíso'. El fin de la tierra. El comienzo de la inmensidad. Un sendero de arena conlleva a la playa. Me espera un camastro para tomar el sol y percibir a flor de piel la naturaleza del espacio. Antes, un desayuno continental aparece en la mesa. La vista es sensacional. Una fruta quizá insípida, me sabe dulce y agradable al paladar. El mar me sonsaca y no puedo negarme; curiosamente, puedo nadar en él sin saber hacerlo. Refresca mi cuerpo. Las ideas se renuevan y los bellos de la piel se erizan al salir. Camino por la playa, por los alrededores, por toda la zona. Experimento algo sin igual. Pareciera no existir. Tanta belleza, ¡imposible! Al atardecer, una lancha me lleva a dar un paseo. El sol está por ocultarse. La noche se avecina. El sueño parece terminar.











Después, despierto y volteo a ver el reloj. Son las 8 de la mañana. El sol entra apenas por una cavidad de la ventana y las persianas. Me hallo en mi habitación. En mi casa. Se me ha hecho tarde. Un sitio me espera y tengo que abordar el tren para un trayecto de 50 minutos. La ciudad es caótica. La contaminación no cesa. Vengo pensando en aquel lugar. Sabía que no existía. Todo fue un sueño.

Luego, internet me ofrece la respuesta. Aquel lugar placentero existe. Se llama Parrot Cay y se encuentra en las Islas Turcas y Caicos, al norte del Caribe. Sonrío.

20 sept 2010

Noche de sábado

Días en los que la reflexión ha sido parte del transitar. Noches que parecen iguales pero que al descubrir su esencia me seducen en su oscuridad absoluta. Sin embargo, aquella noche no fue similar aunque mis bolsillos muestren lo contrario de aquel pantalón beige que por poco olvido en un lugar apartado de mi vestidor. Apenas imagino las consecuencias. Me dirijo al auto y éste marca la necesidad urgente de cargar combustible. El trayecto será largo. El clima se torna ideal. Es de noche y conduzco hacia el sur. En una gran avenida, una luz en rojo marca el alto en mi andar. No hay tráfico. En la radio se escucha a Band of Horses y el acontecer pinta sensacional. Subo el volumen, la canción... Is There a Ghost:

13 sept 2010

Cotidianidades

"Algunos pájaros no pueden ser enjaulados, sus plumas son demasiado hermosas. Y cuando se van volando se alegra esa parte de ti que siempre supo que era un pecado enjaularlos. Aun así el lugar donde tú sigues viviendo resulta más gris y vacío cuando ya no están", dice Morgan Freeman en su papel de "Red" en la película The Shawshank Redemption.

...He pasado largos días percatándome en que esta cotidianidad me tiene, en momentos, de mal humor. Mi instancia en este sitio desde donde escribo esto no satisface ni la más mínima de mis expectativas. El quehacer laboral se ha convertido en un proceso de costumbre vana y percibo que las mañanas se tornan insustanciales.

Hace unos días A me preguntaba cómo era una mañana para mí entre semana (...) Mi silencio le dio la mejor respuesta, supongo. Anoche conversando con ella misma, platicábamos del acontecer y de las ganas súbitas de salir gritando hasta el desahogo; de la impotencia por permanecer enjaulado cuando lo que deseas, es volar.

Hay ocasiones que el patiño tiene que tolerar al payaso para producir la risa. ¿Pero hasta cuándo?

Conocemos de nuestros límites y de nuestras carencias, imaginamos de nuestros dones y virtudes; sin embargo, jamás nos situamos en una realidad y es cuando nos sentimos inferiores. No somos capaces de dar ese pequeño o gran salto, las vicisitudes nos amarran y aquejan nuestro acontecer. Las deudas por pagar, una colegiatura por cubrir, la invitación a salir.

No pretendo decir que mis plumas son hermosas como lo dice Red, tal vez sean pálidas como la tierra, quizá ni siquiera tenga; sólo sé que otro nido espera y que paciente debo ser para volar a él...

"Atravesó un río de mierda y salió limpio del otro lado", mencionó Morgan Freeman en el mismo film.


3 sept 2010

Body paiting

En Singapur -como en distintos países- existe una fundación que combate el cáncer de mama. Andy Yang Soo en colaboración, pintó el cuerpo de una modelo haciendo referencia a esas pequeñas cosas que le damos importancia sin si quiera voltear a ver lo que realmente es trascendental.

El mensaje es claro: Deja la superficialidad y todas aquellas banalidades y enfócate a tu salud. Examínate los senos en vez de obsesionarte con traseros grandes, las espinillas o uno de esos días malos de tu cabello.


Vía The Cool Hunter.

2 sept 2010

Dejen escribo mi legado y pronto estaré a su lado

Podría contar las ocasiones en que he tenido jaqueca. Agradezco que sean pocas. Eran las 6:30 de la tarde y me trasladaba a la universidad para mi clase de 7:00. Tengo examen. El dolor de cabeza se asienta y no me deja en paz. No quiero leer, menos estudiar. No quiero escuchar. No quiero mirar. No al menos hasta que termine el aquejo.

El dolor culminó a las 23 horas. De regreso a casa vengo pensando que necesitaba escribir porque tengo comprobado que es una terapia para mí.

En la mochila se hallan un paraguas y un libro de Carlos Monsiváis. Pretendo formarme el hábito de leer en mis trayectos. Es el camino de la escuela al hogar y ni siquiera imagino en continuar mi lectura. Abusando del cese del dolor, vengo pensando qué escribir, qué transmitir o qué imaginar; pero hondamente sé que algo no está bien.

No entiendo esa sensación que repentinamente me asalta y me agobia. Se torna recalcitrante esa costumbre de voltear a ver mis múltiples errores y, en algunos, lamentarlos arduamente. Me apuntan como un revólver y dispuesto estoy a postrarme en la pared y ser fusilado por ellos. No exagero.

De pronto recuerdo aquel ensayo de José Saramago que hace mención de la ceguera. Y en efecto me doy cuenta que las personas -sin percatarnos- perdemos (figuradamente) la vista poco a poco y nos transformamos, haciendo de nuestros actos, una mezquindad. Entonces, me cuestiono si es mi caso.

En mi laberinto de ideas, concluyo en una cosa: El legado. Coincidentemente porto un libro de Carlos y aludo a José; dos escritores que han dejado una herencia trascendental para la humanidad y que hace algunos meses, se han marchado de ésta. Murieron sabiendo que sus pensamientos e historias de vida recorrerán generaciones enriqueciendo conciencias.

¿Nosotros qué hemos hecho no si preocuparnos por cosas superfluas y buscar a costa de todo una felicidad que perdura sólo instantes? ¿Nosotros qué hemos hecho no si masificar nuestras vidas? ¿Nosotros qué hemos hecho no si en lugar de resarcir nuestros malos actos, continuar en la ausencia de conciencia?

Mi abuela paterna también murió en este año. Pocas cosas cambiaron a raíz de ello. Si a caso la familia más próxima se enteró. Volví a reflexionar otra vez. ¿Legados? (...) Mejor pienso y busco bellos recuerdos.

Luego, llego a casa. Es la noche del dos de septiembre. Me dispongo a escribir cualquier situación mundana. Reviso las últimas noticias:

"Germán Dehesa falleció a las 6:30 p.m."

...Un legado nació.

13 ago 2010

Jugando

Tenía aproximadamente 5 ó 6 años cuando tuve mi primer “micrófono”. Éste era de plástico y de color amarillo. En su interior se hallaban pequeños dulces, que no eran más que goma de mascar. Lo obtuve en una fiesta infantil. Había diversos objetos y yo escogí específicamente aquel aparato que amplifica la voz, como un juguete y mi inmediata compañía. Jugaba al locutor y entrevistaba a quien estuviere a mi alrededor. Jamás lo volví a ver.

Más tarde, mi vecino contaba con una radio-grabadora. El aparato tenía dos caseteras y en una de ellas podías grabar cualquier medio sonoro sin necesidad de micrófono. Volvía a jugar al locutor.

Después, en la escuela secundaria mi madre me regalaría mi primer micrófono de a verdad. Aún lo conservo. Lo conectaba a un estéreo; metía en él un cassete virgen y jugaba nuevamente al locutor. Mi voz jamás me gustaba. Pensaba que debería oirse como yo interiormente me oía. Sabía entonces, a qué me gustaría dedicar parte de mi tiempo cuando fuere adulto.

No volví a jugar al locutor desde aquel entonces. Mis aproximaciones con el micrófono fueron quizá, en algún karaoke, jugando Rock Band o cualquier presentación donde requiriera ser escuchado por un considerable número de personas.

La vida me situaría en la Universidad. Es el presente. El pasado con el encuentro radiofónico a este día, pareciera nostálgico. El micrófono por ahora ha quedado ahí en el sitio que le pertence. De donde jamás se ha movido. Quiénes nos hemos apartado, somos nosotros. Fuímos los que invadimos su espacio, los que nos entrometimos en su estadía y los que asaltamos su quehacer. El micrófono nació ahí y seguramente morirá en ese mismo lugar. A veces nos cuestionamos si en verdad fallecerá. Suponemos que es perpetuo. Es decir, llegó para quedarse porque simplemente es la mitad que a varios de nosotros nos faltaba.

Ha visto y verá pasar cientos de personas por ahí. Frente a él. Tolerando distintos timbres de voz y una diversidad de historias. Será solicitado y estará como siempre, al servicio y disposición de cualquiera.

Es emocionante la primera vez cuando te dispones a hacer uso de él. La voz se agudiza y la piel se torna 'chinita'. Vamos, eso decimos a quien llegó a apasionarnos. Sin embargo, tiene un defecto: no sabe que puede llegar a causar adicción, placer o simplemente felicidad con el simple hecho de ver su figura metálica, escuchar su fidelidad y después, comenzar a vomitar ideas improvisadas en varios minutos que parecieran un pestañeo.

Hablamos de cualquier tema. Presentamos canciones. Nos equivocamos. Aprendemos. Jugamos. Nos divertimos. Nuevamente, un par de personas me escuchan. Eso no importa. Es la magia de la radio que, entre otras situaciones, no sabes a ciencia cierta quiénes y cuántas personas te escuchan. Así como también cuántas personas leen esto.

A mis 28 años, jugué una vez más al locutor. No sabemos si en un futuro –cercano o lejano- la vida me conceda este nuevo juego, (juego: en el sentido estricto de gozarlo de principio a fin) esta pasión, este sueño...

26 jul 2010

¿El Fuego es Biutiful?

Por fin he visto “The Burnig Plain” o “Fuego” como se le tituló en México al primer largometraje de Guillermo Arriaga como director y escritor. Si bien, antes ya habíamos disfrutado de esa enigmática forma de escribir guiones para cine como “Amores Perros”, “21 Gramos”, “Babel” o “Los tres entierros de Melquíades Estrada”. Su ópera prima como director nos muestra la calca de situaciones que de entrada nada tienen qué ver pero que en algún instante se entrelazan. Personalmente disfruto estas historias, involucran mi atención al cien aunque en ocasiones hay situaciones predecibles.

La cinta es un rompecabezas que agrada armar en cada escena. No obstante, considero que no llega a un clímax total de alteración. Arriaga muestra en su guión el denominado “In media res”, una técnica literaria que atrapa desde el comienzo porque te adentra al centro de una historia y poco a poco, de manera paciente, tendrás que hilar los acontecimientos previos.

Charlize Theron, Kim Basinger, Joaquim de Almeida y el mexicano José María Yazpik; hacen de esta historia una situación mundana, donde el amor y la muerte son la base de todo acontecer. La historia muestra también, los valores familiares y particulares de los personajes; la moral sexual y el aquejo constante de los errores pasados.

La trama se desenvuelve en México, Nuevo México y Portland. Con una fotografía espléndida que logra identificar claramente la localidad climatológica y aquellos encuadres pertenecientes a Iñárritu. La música fue realizada por Omar Rodríguez López (The Mars Volta) y Hans Zimmer; un soundtrack que no puede faltar en la colección de música para cine.

Paralelamente, llama mi atención la fecha en que Guillermo Arriaga decide estrenar “Fuego”. Sabemos del rompimiento que tuvo con Alejandro González Iñárritu, donde el escritor decide tener un crédito mayor por su labor e iniciar un camino que “El Negro” ya tiene bien forjado. Asimismo, Iñárritu está por presentar –en esta semana- “Biutiful” en el festival Expresión en Corto cuyo filme es de altas expectativas y aunque no se sabe a ciencia cierta cuándo se estrenará de manera oficial en México, se dice que llegará a las salas cinematográficas en octubre.

Interesante asunto. ¿Competencia? ¿Egos? Veremos los resultados; por ahora, “Fuego” ha cumplido mis expectativas. Imagino que “Biutiful” las superará.

23 jul 2010

Filos y lluvia

Un grito orgásmico se escuchó hasta lo más alto de las montañas que rodea la ciudad. Las gotas que el sudor provocó caían medianamente sobre sus cuerpos y las pupilas dilatadas permanecían. El reloj de color café postrado en la pared frente a la ventana marcaba las 21:20 horas cuando sucedió.

Sale de casa y ve en el correo la correspondencia. Entre otras, cartas con las exigencias de pago por parte del banco y una postal desde Madrid. El tren que lo lleva a su empleo suele hacer 50 minutos, pero la lluvia demora su trayecto y hace lo doble de tiempo. Saltear los charcos de agua no fue suficiente para manchar su pantalón beige y las gotas de agua volvían su cabello a crespo. El gesto mal encarado de su jefe decía más que las palabras de regaño por llegar tarde a la junta de trabajo con importantes socios. El retraso fue el pretexto exacto y la decisión que tomaría el director para despedirlo a fin de mes.

No ha desayunado y son casi las 2 de la tarde. El proyecto no tiene fin. Su cabeza estalla de dolor ante la mala noticia y por la falta de alimento. La cafeína se apodera de su organismo. Una baguette de atún con queso y aceitunas negras es todo lo que probará de refrigerio.

De regreso a casa toma un taxi, el tráfico no cesa y permanecer 10 minutos ahí dentro sería tomar un revólver y vaciarlo en su cabeza. Decide arribar el tren a 30 minutos de su hogar. Se halla en el asiento que da a la ventana y escribe “Filos” en el cristal empañado. Quiere dormir. No estar, no permanecer. Sólo dormir.

Ha sido un día como estos de verano donde llueve todo el día. El agua suele a veces complicar las cosas, los tiempos, los encuentros, las actividades. Por fin; mojado, cansado y harto, llega a su morada. Lo único que desea es acostarse en su lecho y no saber más.

Ella disfruta la vista con la lluvia, observa a la gente pasar; algunos caminan resignados por el diluvio y otros corren por querer acortar distancias. Imagina la manera en que son recibidos por sus seres y también imagina a las parejas cuya tormenta los tomó por sorpresa y no tienen planeado un destino. Le seduce la manera en cómo el agua puede transformar el atuendo de las personas y el entalle de las ropas a los cuerpos. Entonces, de pronto, lo ve llegar desde la ventana que da vista a la calle y baja descalza a encender la chimenea, preparar un poco de té a salud de él mientras éste toma una ducha.

El delicioso sabor manzana del té y el calor que emana la chimenea le otorga sumo placer. Verla a su lado en aquel sofá color hueso, con el cabello tomado por un ligue y su rostro que le devuelve la paz que necesitaba él; consuman el acontecer.

La melodía que provocaba el chubasco era ideal para el suceso. Cruzaron algunas palabras cuando de pronto hicieron el amor como unos imberbes y llegaron a la cúpula del estado. Sus cuerpos al unísono correspondían entre sí. Las gotas del sudor caían medianamente sobre sus cuerpos y las pupilas dilatadas permanecían. El reloj de color café postrado en la pared frente a la ventana marcaba las 21:20 horas cuando sucedió. Decir que él había tenido el peor de sus días era como mentir en que ese grito no fue orgásmico.

20 abr 2010

Apología del ser

Me enamoraré. Pero eso es todo lo que haré por el amor. No pienso en rendirle tributo ni mucho menos ser un esclavo de él. Qué fastidio, qué necesidad incesante de buscarlo. Qué gran inconveniente encontrarlo y no ser correspondido. Entonces ¿realmente existe? El amor se debe de vivir de manera que se sienta desde la más íntima comisura. Sin tapujos, sin poses, sin expectativas. Sólo eso, vivirlo. A veces imagino que la gente sólo sigue su curso en busca de él. Algunos lo encuentran, otros creen hallarlo; pero nadie sabe que todos lo hemos tenido frente a nosotros.

Esta noche se calla, una vez más guarda en su memoria exquisita el amor. Quiere saber nada. Sólo dormir, desea sólo dormir y soñar eternamente. Quizá busque un sitio donde las historias se hagan realidad y los sueños sean de la cotidianidad un suceso común.

Presumimos de libertad cuando ni siquiera podemos tener un corazón libre. La indiferencia le pertenece al individuo cuando éste se ve reflejado en ella. La ausencia de respuestas abundan y la confusión es mayor. La gente alardea de tener identidad y muchas veces no son ni el reflejo del espejo. Orgullosos dicen, no necesitar amor; míseros, no saben lo que mencionan.

Emergeremos de esta confusión cuando aceptemos lo que somos, lo que queremos, de dónde provenimos y hacia dónde nos dirigimos. Seremos capaces de ser libres cuando lo material quede en última instancia. Nos llamaremos hombres y mujeres cuando lo superficial deje de existir. Dejaremos de guardar secretos por el simple hecho de que todo nos sorprende. Nos avergonzaremos de no dar amor. Penaremos la existencia de una insoportable levedad. Tendremos miedo de no intentarlo.

Una vez más, esta noche, tengo inmensos celos de la tranquilidad y una jodida repugnancia por la incertidumbre. Intento refugiarme en la cotidianidad y ser un títere del acontecer. Ser partícipe de los deseos inherentes del ser humano y hacer del recuerdo un grato pensamiento. Dejar por años el apego y ser un individuo que goce de lo mundano como algo extraordinario.

(...) Porque simplemente, nada es lo que parece. Nadie es quien pretende ser. Nuestros prejuicios, nuestras carencias y nuestros límites nos sitúan en la burla perpetua de no sentir, de no aceptar... de no amar.

30 mar 2010

Simplemente respirar...

"Entiendo que cada vida debe de terminar... A medida que nos sentimos sólos, sé que algún día nos tenemos que ir... Quédate conmigo, vamos simplemente a repirar... No quiero hacer daño, hay demasiado en este mundo para hacerme sangrar... Quédate conmigo, eres todo lo que veo... ¿He dicho que te necesito? ¿He dicho que te quiero?... Me maravillo cada día cuando contemplo tu rostro... Lo diste todo y te llevarás nada... Abrázame hasta que me muera... Nos vemos en el otro lado".

28 mar 2010

Situaciones oportunas

A veces experimento que vivo en el momento oportuno. Si hubiera permanecido en aquel lugar con la misma gente, mismas costumbres y similares quehaceres, es probable que jamás pudiere haberle conocido. Si hubiera permanecido en aquel verano, seguramente no experimentaría esta primavera. El hastío incesante por poco logra resignarme y no imaginar todo aquello que puede rebasarme. Las respuestas a la situación mundana han hecho presencia, el veredicto sentimental es palpable, la emoción resulta innegable.

El acontecer, por naturaleza casual y de repente planeado, me parece extraordinario. Amo coincidir con ella ahí, allá, acá; en cualquier lugar. Los sitios muchas veces suelen no importar, al menos a mí. El momento oportuno ahí se haya, o quizá nosotros seamos oportunos por estar ahí, ambos, frente a frente.

¿Y si hubiese aprovechado del instante y en verdad hubiésemos escapado como informalmente se lo dije? Tomaríamos la carretera sin rumbo fijo, el destino lo determinaría el cansancio por conducir o el clima nos haría detenernos en la montaña. Quizá simplemente manejaría y pararía donde el combustible se haya consumido. Contemplaría después, su rostro como suelo hacerlo. Disfrutaría del olor de su cabello y me contagiaría su ánimo con esa risa característica. -La respuesta a la pregunta, no existe, intentaré imaginarla placenteramente.-

24 mar 2010

Anhelos

En segundo año de la escuela primaria, participé en una ceremonia acerca de las Naciones Unidas. A cada compañero de grupo se le asignó un país y su bandera correspondiente. La mía: Islandia.

Algún día terminé la primaria, vendría la secundaria y posteriormente, con gran trabajo, culminé la preparatoria. Es probable que en alguna clase de geografía haya visto en un mapa el país de Islandia. Sin embargo no me importó, pasó por desapercibido como diversas situaciones académicas que quizá, después lleguen a cobrar factura. Así, corrió buena parte de mi vida y jamás supe dónde quedaba Islandia. Qué idioma era el oficial, a qué Continente pertenecía, etc.

Una mañana de domingo, de pocas donde despertaba temprano para salir y dirigirme así para ir en busca de eso que llaman "espiritualidad", encendí la radio como suelo hacerlo y escuché una canción que sustancialmente marcó mi vida y con ello, descubrir otro género musical que desconocía: el 'post-rock' o la llamada 'música experimental'. La canción, me enteré después, se llama "Hljomalind", -ésta sirvió para adentrarme más y más- sin embargo supe en su momento, que pertenece a Sigur Rós. Un grupo del cual, había escuchado fortuitamente un par de canciones pero que disfrutaba y me resultaba fácil identificar; un género muy característico por la voz y la melodía. Melancólica en su mayoría, no obstante, la disfruto porque sencillamente me relaja y en ocasiones, inspira mis ánimos por escribir.


Entonces, me di a la tarea de investigar acerca del grupo; me interesaba saber más de su música, qué discos habían sacado a la venta, de dónde pertenecían, etc. Fue en este quehacer, cuando caí en cuenta que son islandeses, al igual que Björk. Su idioma me decía que al menos y por fortuna, no eran estadunidenses.

Recordé inmediatamente cuando de niño portaba entre mis manos aquella cartulina con un dibujo de la bandera Islandesa, caminando en círculos por el patio, en una ceremonia que nadie atendía. Islandia, un país que anhelo conocer, no sólo por la influencia musical, sino por su cultura; una nación que se considera la primera en desarrollo humano y que tiene unos fantásticos y admirables paisajes, para muestra: Heima.


Para más fotos: aquí.

25 ene 2010

¿Políticamente correcto?

Podría comenzar este ‘post’ dando excusas del por qué la falta de contenido en este Blog, de la ausencia de palabras poco articuladas, o bien, de las ideas rebuscadas poco trascendentales desde mi cabeza. Pero poco valdría hacerlo, de hecho excusándome o no, sería un gesto intrascendente; algo así como quitarle un pelo a un león o injertándole uno a Polo Polo. Sin embargo, a manera indigna de excusa, me he puesto a leer (sí, ya por fin) Es abismal la cantidad de información que espera de lectura: distintas páginas en Internet como blogs, noticias del acontecer nacional y mundial en diarios electrónicos; el mismo Twitter que dicho sea de paso, acá me puedes seguir, algún periódico o revista que se cuele en nuestras manos, y ahora terminando una novela filosófica de 1984. Cabe destacar la frase anterior: “información que espera de lectura”, no significa que todo lo anterior lo lea en su mayoría y que ahora me dé baños de culto o mucho más. Aclaro.

Entonces, con bombo y platillo anuncio que esta es la primer publicación en el ‘Diván’ del año; con gran pirotecnia y una basta algarabía, digo hoy que este es el primer post de la década. Por supuesto bromeo. A nadie le importa, incluso, ni a mí me satisface.

Sólo me satisface pensar en un presente, una vez más, poco nítido y sigiloso en su acontecer. Sé que el mundo se acaba, que nosotros fallecemos y que la vida se te esfuma en sólo pensar si debes arriesgarte o no. Una cripta me espera para ocupar un sitio y algunas personas podrán esperar algo de mí en vida, quizá un par de ellas, quizá nadie. Ya lo dice Woody Allen: “No es que tenga miedo a morirme, es tan sólo que no quiero estar allí cuando suceda”.

Vivir es complejo, sí, sin embargo es un placer hacerlo. En la cotidianidad recibimos oportunidades que dejamos pasar, situaciones inesperadas que nos llevarán a la toma de decisiones y a la búsqueda de nuevas escenas, distintos rumbos, diferentes y nuevas personas. No importa describirme ahora; sólo digo que disfruto los cambios, me gustan los retos, no me complace estancarme y me trastorna la monotonía.

Nadie sabe a ciencia cierta la duración de su vida, entonces ¿por qué aquella arrogancia? Esa maldita indiferencia hacia los individuos ¿para qué? ¿Valdrá y será necesario tomarse todo muy en serio? ¿Posponer acontecimientos será lo indicado? Pensar en una posible vejez es coherente, pero ¿saciar lo sedentario de nuestras vidas lo es?

En este 2010 cumplo 28 años de edad, es probable que pueda delimitar lo que se es correcto hacer y lo que no; tal vez intente saber distinguir lo que es propio realizar y lo que no así. La sociedad puede que lo apruebe o lo desapruebe. Mis actos de acuerdo a los cánones podrán no ser los óptimos. Mis hechos y a veces mis pensamientos no estarán en acuerdo con lo común, con lo estándar o con lo que “un modelo a seguir” haría. De verdad digo ahora, eso me vale un pito, etimológicamente hablando. Y es que, detesto que alguien tan equis me diga lo que es “políticamente correcto” hacer cuando éste individuo es políticamente un perfecto estúpido; ¡qué gran flojera! Entonces, ¿tener sexo es políticamente incorrecto? Y ¿hacer el amor es políticamente correcto? Por citar algún ejemplo, claro está. De modo que, a mis ya casi 28, me dirijo y me dirigiré de la manera que considere prudente a mi manera de ser; detesto las poses, a veces, me caga ser ordinario en todo. Siempre y en cualquier sitio: la risa como antídoto ante nuestras desgracias. La sonrisa no fingida como solución al aquejo, como primer acercamiento o como un adiós.

La vida es hoy, Allen menciona también: “No creo en una vida posterior, pero, por si acaso, me he cambiado de ropa interior”.