9 abr 2011
Vicisitudes
31 ene 2011
Nimiedades/2
Un emparedado de jamón con queso blanco y un jugo artificial fue su refrigerio. El televisor encendido y el constante parpadeo en busca de un buen programa fue su única compañía. Se rindió ante la búsqueda por satisfacer el ánimo y apagó cualquier emisor de luz. Resignado ante una noche insustancial, ante una cotidianidad insípida y predecible se dirigió a su habitación. Toma el libro que dejó la noche anterior en el buró y retoma la lectura. Los fantasmas del pensamiento se concentraban en otro acontecer mientras la mirada recorría uno a uno los párrafos literarios. Los pocos sonidos propios de la noche eran percibidos a la perfección: Un grillo andaba cerca y alguna música proveniente de una juerga cercana se adentraban. Era fin de semana.
El póster enmarcado con la imagen de Bob Dylan que se halla en la pared frontal atestiguaba el insomnio, quizá, provocado por el café de horas antes. Las vueltas incesantes en la cama por conciliar el sueño eran desesperantes. Levanta su tórax y piensa en si es prudente continuar el guión de aquel cortometraje que no ha podido llevar a cabo. De pronto, se incorpora y abre la ventana; el clima no es tan propio de un invierno común. El viento ligero apenas y mueve las persianas. Se viste con lo primero que encuentra a su paso, aquella ropa que horas antes despojó al suelo. Toma prestadas las llaves del auto y conduce hacia el centro de la ciudad. Una fachada poco colorida en medio de una calle empedrada y con un faro colonial que apenas alumbraba la entrada detiene su andar. Era algo así como uno de esos pubs británicos donde la gente acude a beber cerveza y picar alguna botana que acompañe. Una canción provenía de la esquina del lugar: Thursdays Child de David Bowie se escuchaba en la rockola y su alegría se percibía mediante una mediana sonrisa. El sitio si bien, no se encontraba vacío, pero tampoco merecía esperar por una mesa aunque estuviere disponible; sin embargo, se decidió por la barra. No imaginaba cómo luciría solo, con sus pensamientos y observando a parejas conquistándose o a grupos de personas brindando por sus éxitos personales. Se decía así mismo que últimamente eso de hacer cosas de manera personal, le venía cómodamente; aunque de pronto, extrañaba comentar con alguien cualquier cosa sin importancia. Lee la carta y ordena una cerveza importada, no se había percatado que el lugar se caracterizaba por sus cervezas foráneas y que su grado etílico era alto. 24 ene 2011
Aprender a volar
6 ene 2011
Desavenencias
Ya no me enfada. A decir verdad, creo que nunca me enfadó. Acepto la sugerencia como el andar por aquí y por allá. Las miradas dirigidas al celular de manera automática al instante de extraerlo del bolsillo, ya no incomodan. No sólo conmigo sucede. G me dice: "Sí, tu chingadera ya da pena pero pues total, nunca tienes crédito". A lo cuál respondo con un tajante: ¡Bingo! A ver, hago un balance de mis prioridades, una lista. Pronto caigo en cuenta que un teléfono de moda es lo último que necesito para intentar ser feliz o sentirme realizado. En rigor, comprar es ampliar o reducir la noción de lo indispensable. No puedo cegarme a tan espléndidas funciones de eso que llaman "Smartphone"; sin embargo, ahora no me es indispensable ser parte de un grupo de moda y mucho menos, cargar con un teléfono al cual no podré explotar ni al 50% de su generosidad. Es decir, cuando uno acepta el adulto que pretende ser, hay situaciones más importantes que lo material. Podría sonar contradictorio con mi actuar, válgame.
El dejarse llevar por la sociedad jamás me ha gustado, vomito de pensarlo. La televisión, las personalidades de moda, las revistas, la sociedad; e incluso, el Facebook han provocado un efecto carente de personalidad, de conciencia; de las cuales, ya no somos ajenos y tristemente, no es un asunto de novedad. ¿Nos hemos dado cuenta de lo insustanciosos que podemos llegar a ser? Algunos estados en Messenger o en Facebook son tan efímeros que de leerlos provocan un severo daño al estómago y repugnancia de un mundo material con presunciones disfrazadas. ¿Por qué persisten estas escenas una y otra y otra vez? ¿Será acaso porque las cosas en el entorno del consumismo se hacen porque deben hacerse, porque la vida está hecha de lo mismo y vivir es repetirse?
Alguien a quien admiro, menciona: "No quiero hacerme de un celular porque no me gusta sentirme localizado. Detesto hacerme esclavo de un aparato y excluirme de una sociedad excluyente". Sensacional. No obstante a estas alturas no puedo verme tan radical. Tener un teléfono móvil ha sido parte de mi vida por alrededor de diez años. En una década sólo dos aparatos, sólo dos.
Dice Carlos Monsiváis en "Apocalipstick": "Ningún pobre adquiere de menos porque no depende del consumo (palabra ya ligada al exceso y al desperdicio), sino de la necesidad". Aún así, llegará el momento en el que sea partícipe -quizá por necesidad o por curiosidad- de un núcleo ya de por sí estandarizado y con una pose símil. Será el instante en que todo lo anterior quede en lo absurdo y en lo vil del despotricar.
Sin embargo, tengo mi baratísima-teoría-pretenciosa: ¿A cuántos niños hoy, en día de Reyes Magos, dentro de sus juguetes apareció por lo menos, un libro? Sabemos de libros didácticos, de libros para niños. Comenzar con uno para iluminar, no sería mala decisión. (...) La culpa de ser materialistas y superficiales (dos palabras tan distintas pero que su maridaje es tan común) en ocasiones, no depende tanto de nosotros. Así crecemos. Así nos educaron. Así nos acostumbraron.
Dice Haruki Murakami en su novela "1Q84": "Es un mundo circense, falso de principio a fin, pero todo sería real si creyeses en mí".
P.D. Si alguien por distracción o por falta de incumbencia no entiende la imagen con que se ilustró esto, llámeme a mi BlackBerry porque mi iPhone lo presté junto con el iPod. ¡Gracias!
21 dic 2010
Diciembre eclipsado
Ah diciembre... Esdrújula felicidad. Una vez culminada todo vuelve a la normalidad, al aquejo cotidiano y a una atmósfera que ya conocemos.
El acontecer del país -sin embargo- refleja un 2010 inolvidable. Desafortunadamente no por afables noticias. El rojo pintó al pueblo que hasta hace algunos años parecía percibirse de distintos matices. Sangre derramada, sangre impune.
No obstante, la naturaleza jamás se equivoca. Tiene para nosotros el obsequio que quizá ya merecíamos. Uno gratis. Uno fácil de percibir. La madrugada del 21 de diciembre ha sido de las más oscuras desde hace alrededor de 350 años. Un día de trescientos sesenta y cinco donde millones de miradas se concentran en un sólo punto. Uno brillante. Uno que posiblemente podamos percibir un par de ocasiones en nuestra vida.
Entonces, es cuando reflexionamos en lo efímero que pueden parecer ciertas cosas, ciertas situaciones; el materialismo absurdo y aquella carencia de conciencia. Una muestra de seres ordinarios, de una cotidianidad predecible; el reflejo de que al universo no le importa el acontecer y mucho menos, de qué color es tu auto nuevo.

Y de pronto, la escena es suya. La absoluta protagonista. La inmensidad sobre todas las cosas. Lo inalcanzable. Lo inerte que podemos ser los seres humanos ante su presencia. Alguien dice: "Dios, de existir, sería mujer". El espectáculo del amanecer y la maravillosa invención de la Luna, prueba de ello.
Diciembre y sus regalos. Pink Floyd, Sigur Ros, Brian Eno, Radiohead o Portishead; cualquiera de ellos para amenizar el suceso.




2 dic 2010
28 nov 2010
25 nov 2010
Jacob o Pulgoso, el mismo ser
(...)
Justo anoche J me platicaba de sus mascotas que habían fallecido. Sus perros. Uno de ellos, su gran amigo. Y pensaba en cómo la gente llega a ser confidente de una mascota. Imaginaba sus conversaciones y los instantes que pasaron para hacer que su deceso fuera, uno triste. Ella me decía que murió de viejo, que alcanzó a despedirse de él y que un día, en la calle, lo vio y así lo adoptó.
Sin embargo, Jacob no murió de viejo, no de alguna enfermedad, tampoco atropellado. No murió de frío o de hambre. Murió porque alguien lo mató. Alguien que no soporta que una comunidad pueda amar a un animal y que éste sea de la alegría de todos. Alguien que cobardemente lo envenenó o le proporcionó un golpe fulminante. No sabemos. Sólo entendemos que hay animales que matan a mascotas indefensas.
Pulgoso como lo mencionaran algunos, o Jacob como lo mencionaran otros; jamás tuvo un nombre definido. Así fue su vida: Sin definición. Al fin y al cabo, era de todos y de nadie. Lo adoptamos porque un día llegó sin que nadie lo invitara a formar parte. Era un personaje de la comunidad. Algunos días dormía a las puertas de esta casa, otros en la del vecino y en algunos, debajo de los coches. Ni siquiera sé su raza. Era pequeño y de color café. Ágil e inteligente. Simpático. Cariñoso. Juguetón. Obediente. Era una mascota que se daba a querer.
Comenta mi hermano que hoy por la mañana, todavía Jacob lo acompañó a esperar el taxi y mientras, jugaba con él. Se quedó ahí hasta que abordara el auto. Así era Pulgoso, un amigo al que sólo le faltaba hablar.
Ahora me vienen escenas de aquella película, Amores Perros. Ahora me vienen recuerdos de Jacob. Todo pasa por mi mente. He de confesar que jamás pensé que me sucediera esto con un animal, del cual, ni siquiera creí haber estado encariñado. Ahora entiendo aquellas personas que llevan en sus brazos a sus perros. Ahora entiendo la tristeza de aquellos que lamentan la pérdida de su mascota. Ahora entiendo todas aquellas situaciones de las cuales no daba crédito del actuar de las personas hacia sus perros.
(...)
...Mi sobrina de nueve años le redacta una carta. Me sorprende la habilidad y la ternura de sus letras. Me dice que la lea para ver si está bien. Lo hago. Me parece sensacional. El esfuerzo por no soltar una lágrima frente a ella es insoportable. Más tarde, lo subimos a la cajuela del auto. Mi padre, mi sobrina y yo, lo enterramos no muy lejos de aquí. Antes de la primer cubierta de tierra, la niña coloca su carta encima de él. Nos despedimos para siempre. Caminamos rumbo al coche y volteo imaginando que Jacob viene corriendo detrás de nosotros. Imagino que atravieso la calle y está ahí, esperándonos y moviendo la cola de alegría. Después, un silencio abruma la levedad. Tristes y sin decir palabra alguna, llegamos a casa. Vemos y escuchamos que alguien hace falta...
11 nov 2010
Sitios
-Buenas tardes...
-Provecho.
-Gracias...
Durante un par de meses asistía solo. De vez en cuando acudía a otro sitio con alguien. Jamás pensé que me acostumbraría y menos, que me gustaría comer sin compañía alguna. (...) Mentira, creo que jamás me gustó. No obstante, encontré de este hecho su lado positivo. No tenía de otra. Ese constante defecto mío por observar a las personas y así, sus acciones, su animadversión, sus tendencias, su antipatía, su excentricidad, sus apegos; e incluso, hasta su desconfianza. Situaciones que me dijeran un poco más de la persona. ¿Qué gano con ello? Quizá nada, sólo el aspecto sociológico que disfruto en todos y cada uno de los seres humanos. Los diversos caracteres, sus múltiples atuendos y sus diversas historias que en ellos se hallan y que puedo equívocamente imaginar. Mi sociología barata.
Era en el centro de Coyoacán. Ni siquiera sé cómo llamarlo: "Restaurante", sería un halago. "Puesto improvisado", sería demeritarlo. Seguramente será un servicio de comedor y cocina de un buque mercante denominado "Fonda". Sí, ahí donde alguna vez sonó mi teléfono móvil para darme la noticia de que la abuela había fallecido. Ahí donde la noticia pegó en los más íntimos recuerdos y derramar una lágrima se convertía en las miradas próximas y atentas. Sí, aquel lugar donde un día sin imaginármelo y sin sospecharlo, vi por primera vez a una reportera en el televisor del establecimiento que sintonizaba el noticiero. Una mujer con quien mantenía una amistad de letras (correos electrónicos y mensajes por redes sociales) y que el tiempo en complicidad con el recuerdo, nos concedió veinte años después, encontrarnos. Ahí, donde un señor interpreta con el acordeón la misma canción día a día: "Caminos de Michoacán". Siempre a las tres en punto.
(...) Hoy se cumple un mes de aquel ciclo que finalizó. Hoy extraño Coyoacán. El entorno. El sitio donde solía comer y la sazón que adopté en mis días de estancia laboral. Echo de menos caminar por la plazuela y detenerme en el puesto de periódicos para leer los encabezados. Transitar por sus calles empedradas y encontrarme con Damián Alcázar u otro actor o actriz de película o de telenovela mexicana. Ver el reloj y disfrutar del tiempo restante para sentarme a que le den brillo a los zapatos. Adquirir un buen café se convertía en un volado. Coyoacán está invadido por cafeterías sustanciales. Ahí donde comí un cuernito que A me recomendó. Y entre muchas cosas, también extraño ver decenas de personas de toda índole. Este lugar no puede ser sui géneris porque es tan noble que acepta divergencias sociales y culturales. Pocos como él.
Ahora estoy en otro sitio. Son tiempos difíciles. Jamás se puede estar en completa armonía. Un ser querido se debate entre la vida y la muerte; alguien que hace aproximadamente trece años nos llevó a mi hermano y a mí, un 15 de septiembre, a la verbena de Coyoacán y a cenar hot cakes con mermelada de fresa. Busco distracciones. No queremos pensar en ello. No quiero eso. No ahora. No nunca.
17 oct 2010
Más allá del bien y del mal
No pretendo convencerme de que poseo una madurez tangible; sin embargo, en aquel entonces de haber tenido el juicio y pensar como lo hago ahora, hubiese aprovechado un poco más la vida, las relaciones, la escuela, los libros. (...) Esperaba que el acontecer me lo diera de la noche a la mañana.
Durante una semana percibí el aquejo del tiempo perdido y me ha hecho reflexionar. Pienso que el instante de ahora muy bien pudo ser el momento de ayer. En cinco días observé lo que algún día imaginé ser al día de hoy. Si bien, el tiempo no se equivoca y vamos marinándonos en néctares que se convierten en nuestro destino inequívoco y sustancial del modo que ahora percibimos la manera de vivir.
Los aconteceres nutren la capacidad de ver nuestros defectos y virtudes, ejerciendo un poder de mejora inexplicable en lo negativo. Pretendemos ser mejores seres humanos y aportar -aunque sea- el mínimo esfuerzo de aciertos a quien nos rodea; porque sabemos bien de nuestra capacidad, de nuestra ética... de nuestra integridad.
Dice Nietzsche en "Más allá del bien y del mal":
El problema de los que esperan: Hacen falta golpes de suerte, y mil cosas más, para que un hombre superior, que lleva en sí la potencial solución de un problema llegue a actuar, a entrar en "erupción", por así decirlo, en un tiempo oportuno. Por lo general no sucede así y en todas las partes del mundo hay hombres que aguardan, sin saber exactamente que lo hacen y menos aún que su espera es inútil. También sucede a veces que la llamada suena demasiado tarde (ese azar que permite ponerse en acción), y cuando lo mejor de su juventud y de su energía se activa ya se encuentran gastados de tanto estar sentados sin hacer nada. ¡Cuántos descubrieron horrorizados que sus miembros se hallaban entumecidos y que su espíritu era ya demasiado pesado! "Es demasiado tarde", se dicen, tras haber perdido la fe en sí mismos y comprobar que se han quedado inútiles para siempre.
Se ignoran demasiadas situaciones. Lo único tangible es que aún existe la fe por continuar, aún existe esa capacidad de asombro y sabemos que jamás se debe esperar.
4 oct 2010
Nimiedades
Me hallo frente a un monitor y en mis manos recae un teclado que hacen de mi acontecer, pretender actuar como el escritor que algún día quise ser. Subiendo la mirada, me percato de la naturaleza: árboles y un cielo despejado; el frío de este otoño parece apoderarse de un invierno precoz. El clima encaja a la perfección con los pensamientos, porque, hay ocasiones en que la mente se siente rodeada de reflexiones que auto complacen. Esta tarde es así.
Llevo tres días pensando en aquella historia que en alguna oportunidad leí. Es quizá por lo acontecido, por la realidad de un suceso cursi donde te ves reflejado y donde probablemente jamás percibirás. Aquella historia es un acontecimiento totalmente mundano. De amor, de imaginación; la cual recuerdo medianamente así:
En Nueva York, un joven se dirigía en metro hacia la universidad. En su trayecto ve a quien físicamente proyecta como el 'amor de su vida'. Por alguna situación, no cruza palabra alguna con ella. Después, se arrepiente. Su mente no deja de pensar en aquella mujer quien no sólo era de su agrado visual, sino que también percibía en ella la expresión corporal que él tanto agradece; esa pequeña fórmula que es indescriptible, indescifrable, propia del gusto personal (haciendo válida la redundancia). Entonces, tomando uso de las tan infravaloradas por unos o sobrevaluadas por otros, redes sociales, publica un anuncio de "búsqueda" donde describe a la perfección a la mujer; desde la ropa y el color de ésta, hasta la estación del metro donde se encontraron y la dirección que ella tomó. No obstante con lo anterior, dibujó a la chica en cuestión justo como la vio (color de vestido, accesorios, look, etc.) y en conjunto, difundió la descripción con el dibujo. Al término de una semana, estas dos personas se conocieron e hicieron de una historia onírica, una real. Algunos meses percibieron el amor, después, finalizaron su relación.
Entonces, no dejo de pensar en aquella historia. Sé que todo sucede en el tiempo y somos víctimas de él arrepintiéndonos del "hubiera". A veces comienzo por detestar aquel cliché de "todo pasa por algo, porque quizá no era para ti". Ojalá fuera posible que los seres humanos nos jactáramos en decir "lo intenté y pasó nada; sin embargo, seré terco y lo volveré a intentar"; no sé.
La cotidianidad seguirá su curso. Eso todos los sabemos pero nadie lo puede cambiar. Continuaremos con nuestras vidas en busca de esto, de aquello, de eso y, en el camino desearemos la felicidad. Viviremos de recuerdos, y en algunos, inmediatamente expresaremos una sonrisa que será el enigma de nuestra imaginación. El misterio de un pasado que por falta de palabras o de utopías, jamás se experimentó.
Percibiremos la vida como viene, olvidándonos del pasado y del futuro también; encontrándonos sólo, en el presente infinito del ser. Quizá, sólo recuerde que en algún lugar existe alguien por quién dejaría todo y hacer de lo inimaginable algo realizable aunque ahora no sepa, ni siquiera... su nombre.
21 sept 2010
Situaciones oníricas










Después, despierto y volteo a ver el reloj. Son las 8 de la mañana. El sol entra apenas por una cavidad de la ventana y las persianas. Me hallo en mi habitación. En mi casa. Se me ha hecho tarde. Un sitio me espera y tengo que abordar el tren para un trayecto de 50 minutos. La ciudad es caótica. La contaminación no cesa. Vengo pensando en aquel lugar. Sabía que no existía. Todo fue un sueño.
Luego, internet me ofrece la respuesta. Aquel lugar placentero existe. Se llama Parrot Cay y se encuentra en las Islas Turcas y Caicos, al norte del Caribe. Sonrío.
20 sept 2010
Noche de sábado
13 sept 2010
Cotidianidades
...He pasado largos días percatándome en que esta cotidianidad me tiene, en momentos, de mal humor. Mi instancia en este sitio desde donde escribo esto no satisface ni la más mínima de mis expectativas. El quehacer laboral se ha convertido en un proceso de costumbre vana y percibo que las mañanas se tornan insustanciales.
Hace unos días A me preguntaba cómo era una mañana para mí entre semana (...) Mi silencio le dio la mejor respuesta, supongo. Anoche conversando con ella misma, platicábamos del acontecer y de las ganas súbitas de salir gritando hasta el desahogo; de la impotencia por permanecer enjaulado cuando lo que deseas, es volar.
Hay ocasiones que el patiño tiene que tolerar al payaso para producir la risa. ¿Pero hasta cuándo?
Conocemos de nuestros límites y de nuestras carencias, imaginamos de nuestros dones y virtudes; sin embargo, jamás nos situamos en una realidad y es cuando nos sentimos inferiores. No somos capaces de dar ese pequeño o gran salto, las vicisitudes nos amarran y aquejan nuestro acontecer. Las deudas por pagar, una colegiatura por cubrir, la invitación a salir.
No pretendo decir que mis plumas son hermosas como lo dice Red, tal vez sean pálidas como la tierra, quizá ni siquiera tenga; sólo sé que otro nido espera y que paciente debo ser para volar a él...
"Atravesó un río de mierda y salió limpio del otro lado", mencionó Morgan Freeman en el mismo film.
3 sept 2010
Body paiting
El mensaje es claro: Deja la superficialidad y todas aquellas banalidades y enfócate a tu salud. Examínate los senos en vez de obsesionarte con traseros grandes, las espinillas o uno de esos días malos de tu cabello.
Vía The Cool Hunter.

2 sept 2010
Dejen escribo mi legado y pronto estaré a su lado
El dolor culminó a las 23 horas. De regreso a casa vengo pensando que necesitaba escribir porque tengo comprobado que es una terapia para mí.
En la mochila se hallan un paraguas y un libro de Carlos Monsiváis. Pretendo formarme el hábito de leer en mis trayectos. Es el camino de la escuela al hogar y ni siquiera imagino en continuar mi lectura. Abusando del cese del dolor, vengo pensando qué escribir, qué transmitir o qué imaginar; pero hondamente sé que algo no está bien.
No entiendo esa sensación que repentinamente me asalta y me agobia. Se torna recalcitrante esa costumbre de voltear a ver mis múltiples errores y, en algunos, lamentarlos arduamente. Me apuntan como un revólver y dispuesto estoy a postrarme en la pared y ser fusilado por ellos. No exagero.
De pronto recuerdo aquel ensayo de José Saramago que hace mención de la ceguera. Y en efecto me doy cuenta que las personas -sin percatarnos- perdemos (figuradamente) la vista poco a poco y nos transformamos, haciendo de nuestros actos, una mezquindad. Entonces, me cuestiono si es mi caso.
En mi laberinto de ideas, concluyo en una cosa: El legado. Coincidentemente porto un libro de Carlos y aludo a José; dos escritores que han dejado una herencia trascendental para la humanidad y que hace algunos meses, se han marchado de ésta. Murieron sabiendo que sus pensamientos e historias de vida recorrerán generaciones enriqueciendo conciencias.
¿Nosotros qué hemos hecho no si preocuparnos por cosas superfluas y buscar a costa de todo una felicidad que perdura sólo instantes? ¿Nosotros qué hemos hecho no si masificar nuestras vidas? ¿Nosotros qué hemos hecho no si en lugar de resarcir nuestros malos actos, continuar en la ausencia de conciencia?
Mi abuela paterna también murió en este año. Pocas cosas cambiaron a raíz de ello. Si a caso la familia más próxima se enteró. Volví a reflexionar otra vez. ¿Legados? (...) Mejor pienso y busco bellos recuerdos.
Luego, llego a casa. Es la noche del dos de septiembre. Me dispongo a escribir cualquier situación mundana. Reviso las últimas noticias:
"Germán Dehesa falleció a las 6:30 p.m."
13 ago 2010
Jugando
Tenía aproximadamente 5 ó 6 años cuando tuve mi primer “micrófono”. Éste era de plástico y de color amarillo. En su interior se hallaban pequeños dulces, que no eran más que goma de mascar. Lo obtuve en una fiesta infantil. Había diversos objetos y yo escogí específicamente aquel aparato que amplifica la voz, como un juguete y mi inmediata compañía. Jugaba al locutor y entrevistaba a quien estuviere a mi alrededor. Jamás lo volví a ver.
Más tarde, mi vecino contaba con una radio-grabadora. El aparato tenía dos caseteras y en una de ellas podías grabar cualquier medio sonoro sin necesidad de micrófono. Volvía a jugar al locutor.
Después, en la escuela secundaria mi madre me regalaría mi primer micrófono de a verdad. Aún lo conservo. Lo conectaba a un estéreo; metía en él un cassete virgen y jugaba nuevamente al locutor. Mi voz jamás me gustaba. Pensaba que debería oirse como yo interiormente me oía. Sabía entonces, a qué me gustaría dedicar parte de mi tiempo cuando fuere adulto.
No volví a jugar al locutor desde aquel entonces. Mis aproximaciones con el micrófono fueron quizá, en algún karaoke, jugando Rock Band o cualquier presentación donde requiriera ser escuchado por un considerable número de personas.
La vida me situaría en la Universidad. Es el presente. El pasado con el encuentro radiofónico a este día, pareciera nostálgico. El micrófono por ahora ha quedado ahí en el sitio que le pertence. De donde jamás se ha movido. Quiénes nos hemos apartado, somos nosotros. Fuímos los que invadimos su espacio, los que nos entrometimos en su estadía y los que asaltamos su quehacer. El micrófono nació ahí y seguramente morirá en ese mismo lugar. A veces nos cuestionamos si en verdad fallecerá. Suponemos que es perpetuo. Es decir, llegó para quedarse porque simplemente es la mitad que a varios de nosotros nos faltaba.
Ha visto y verá pasar cientos de personas por ahí. Frente a él. Tolerando distintos timbres de voz y una diversidad de historias. Será solicitado y estará como siempre, al servicio y disposición de cualquiera.
Es emocionante la primera vez cuando te dispones a hacer uso de él. La voz se agudiza y la piel se torna 'chinita'. Vamos, eso decimos a quien llegó a apasionarnos. Sin embargo, tiene un defecto: no sabe que puede llegar a causar adicción, placer o simplemente felicidad con el simple hecho de ver su figura metálica, escuchar su fidelidad y después, comenzar a vomitar ideas improvisadas en varios minutos que parecieran un pestañeo.
Hablamos de cualquier tema. Presentamos canciones. Nos equivocamos. Aprendemos. Jugamos. Nos divertimos. Nuevamente, un par de personas me escuchan. Eso no importa. Es la magia de la radio que, entre otras situaciones, no sabes a ciencia cierta quiénes y cuántas personas te escuchan. Así como también cuántas personas leen esto.
A mis 28 años, jugué una vez más al locutor. No sabemos si en un futuro –cercano o lejano- la vida me conceda este nuevo juego, (juego: en el sentido estricto de gozarlo de principio a fin) esta pasión, este sueño...


